EL CHURCAL: UNA COMUNIDAD QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE

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El Churcal ya noimg_notas_comunidad es lo que era. Allá donde había solamente una explanada de tierra y dos algarrobos, ahora hay un centro comunitario. En el mismo lugar donde sólo había yuyos y malezas, ahora crecen zanahorias, lechuga y acelga. Y en el mismo perímetro donde antes el único acceso al agua era el que permitían los ríos, camiones cisterna o los aljibes cargados con agua de lluvia, ahora hay una fuente permanente de agua limpia.

El Churcal cambió para siempre. Allá donde las mujeres debían viajar 80 kilómetros hasta la ciudad de Juárez para comprar alimentos, ahora un almacén está abastecido con productos de necesidad básica. En el mismo lugar donde las personas no conocían la importancia de hacer un buen uso del agua, ahora mujeres, hombres y niños son capacitados sobre higiene y alimentación y transmiten lo aprendido a través de canciones en su propia lengua.

Pero esta no es la única comunidad donde la realidad hoy es muy distinta. Las huertas, los almacenes y la educación en salud ambiental alcanzan a 6500 personas de 10 comunidades originarias Wichis, Qom y Pilagá, donde ser autosustentables ha dejado de ser un sueño para ser una realidad, con resultados visibles.

Anselma es una artesana Qom de El Churcal. En voz pausada y llena de emoción, comparte cada una de las actividades que le permite el acceso al agua. “Tener agua es muy importante para nosotros para poder lavar, tomar, para los animales y para mi huerta también”, dice. Hoy su orgullo es su huerta, donde cosecha perejil, zanahoria y acelga. Hace apenas días, gracias a esas verduras, cocinó torrejas y tortillas. “Por ahora es para comer pero dentro de tres meses voy a poder vender”, dice ilusionada. Porque en las huertas no sólo crecen vegetales. También crece la oportunidad de comer sano y nutritivo y de autoabastecerse y poder vender el excedente, generando ingresos que quedan dentro de la comunidad, permitiendo su desarrollo.

No hace mucho tiempo, las mujeres se juntaban a elaborar sus artesanías bajo la sombra de dos algarrobos, expuestas al calor, al frío, a las lluvias. El centro comunitario de El Churcal cambió esta realidad por completo. Desde una comunidad vecina, La Rinconada, Susana cuenta lo importante que es tener un centro comunitario, no solamente como lugar de trabajo sino de encuentro. En su comunidad y gracias a #AguaParaCrecer, el almacén ahora está abastecido y hay una huerta. A fines de octubre, según dice, hubo un festejo, y pudieron celebrar con alimentos obtenidos de su propia cosecha. “Acá festejamos el aniversario de la iglesia anglicana y menos mal que pudimos tener la huerta y poder celebrarlo. Es muy importante la ayuda a la gente que lo necesita.”.