ANA, ARTESANA DESDE LA CUNA

Ana, artesana desde la cuna

 

Ana Artesana

Ana tiene 39 años y es madre de 7 hijos. Su día comienza temprano: despierta a sus hijos, prepara a los más grandes para que vayan a la escuela y ya comienza a hilar. Un poco más tarde, buscará los bidones vacíos de 5 litros para emprender la caminata hasta el río, donde aprovechará para lavar la ropa de su familia y no tener que utilizar el agua de lluvia, que al ser escasa, reserva para tomar e higienizarse.

 

A la vuelta, se reúne con otras artesanas de su familia para hilar y tejer mientras toma mate con azúcar. El sábado es el día elegido por las mujeres para trabajar unidas. En silencio o mientras conversan, el lugar del que disponen no tiene infraestructura ni herramientas que faciliten su oficio: Ana y sus compañeras se reúnen bajo dos algarrobos que les dan sombra, las protegen del calor y hacen más tolerable las altas temperaturas del verano. El algarrobo representa de alguna manera la comunidad Qom, su cultura, la riqueza de su territorio a través de los frutos que le brinda y que representan la base de su alimentación.

 

El trabajo de artesana lo aprendió de su mamá y de su abuela, que le enseñaron los puntos de costura de su cultura cuando apenas tenía 10 años. Su primer desafío fue tejer una alfombra, un trabajo que requiere de mucho tiempo y paciencia, pero que aún hoy, después de haber sido artesana durante 20 años, ella disfruta.

 

Entre las mujeres Qom existe un alto grado de deserción escolar debido a embarazos precoces y a dificultades logísticas. En los últimos años, sin embargo, un mayor número de mujeres logran terminar el nivel primario y acceden al nivel secundario y terciario. Incluso algunas de ellas, han logrado llegar a la Universidad. La mayoría de ellas pertenece a las comunidades más cercanas al Centro Educativo o a familias con mejores ingresos, aunque las mujeres de las comunidades más alejadas, como El Churcal, encuentran más barreras.

 

No obstante, las enseñanzas más importantes que recibió Ana fueron transmitidas por las mujeres de su familia. Y aunque cuenta que su abuela y su madre ya no viven, es seguro que su legado persiste en cada hilo, cada ovillo y cada artesanía.

 

Valorizando la producción de los tejidos artesanales, CIF lavavajillas está apoyando el proceso de organización de las mujeres con la transmisión de sus valores y saberes ancestrales.